divendres, 3 de desembre de 2010

Antonio Skarmeta. Un padre de película

Una petita joia d'Antonio Skarmeta, l'autor de El cartero y Pablo Neruda. (I, com aquella, un altre possible guió cinematogràfic).
Una tendra història en un petit poblet xilè, Contulmo, proper a Traiguén. Diuen, el mestre i el moliner, que "el mundo no está hecho para los pueblos chicos. Nosotros los hacemos grandes con nuestra presencia".
I l'intenten ampliar amb referències constants a França (amb cançons, llibres i pel·lícules: J'attendrais, Les feuilles mortes, C'est si bon. Zazie dans le métro; Raimond Queneau; Le quai des Brumes; Émile Zola; Yves Montand, Je ferais le tour du monde). I moltes més referències diverses a boleros, futbolistes, molt cinema (Río Bravo, John Wayne, Dean Martin, Anna Magnani, Angie Dickinson, Greta Garbo. James Dean, Anthony Quinn), i molta música (Paul Anka, Elvis Presley, Hugo Winterhalter, Frankie Laine, Perry Como, ... i tants d'altres). Amb un petit homenatge, també, a la premi nobel xilena Gabriel Mistral.
En resum, una novel·la d'iniciació, però també de nostàlgia.
Els de l'Editorial Planeta en diuen, de Un padre de película: Jacques es maestro de la escuela de Contulmo, un pequeño lugar perdido en el sur de Chile. Es un joven triste, tímido, que guarda en lo más hondo de su corazón el recuerdo de un padre ausente desde hace un año, el mismo que lleva él de vuelta en el pueblo. La ausencia de su padre es un dolor que nunca lo abandona: “Es como si me entrara una soledad muy honda en las venas. Desde que se fue papá, quiero morir­me.”
Pierre, su padre, es un francés que se quedó en Chile por amor, y que al parecer, ha vuelto a su país por nostalgia. Ha sido, en cierta medida, un padre siempre ausente, que escribía cartas interminables para sus amigos franceses, una figura casi etérea al que Jacques adoraba y del que nunca se sintió seguro. Una semana antes de que Jacques regresara al pueblo con su título de profesor de primaria, Pierre le dijo a su mujer que el frío del sur de Chile le rajaba los huesos y que se iba a Valparaíso, desde donde embarcaría hacia Francia. Así, cuando Jacques se bajó del tren que le devolvía a su pueblo, su padre se subió al mismo vagón tras darle un largo abrazo. Desde entonces, nada saben de él. Su madre nunca se recuperó del abandono de su esposo, es una eterna convaleciente que languidece de pena, aún bella, y siempre triste.
Además de su trabajo como profesor, Jacques traduce poemas del francés, poemas sencillos que la gente del lugar pueda entender. Le gusta enseñar Historia y Literatura, y tiene un alumno muy especial, un niño que se sale de la norma. Augusto Gutiérrez está a punto de cumplir quince años y es un desastre en Matemáticas, pero escribe cosas que sorprenden a Jacques. Augusto está obsesionado con el sexo y está deseando cumplir los quince para convertirse en un hombre en el burdel de Angol. Tiene dos hermanas mayores, Elena y Teresa, de diecinueve y diecisiete años, unas jóvenes de belleza exuberante que cada vez que van a Santiago se compran vestidos con escotes profundos y jeans que les comprimen las caderas y que a Jacques le quitan el aire.
Porque Jacques, a sus veintiún años, no sabe nada de la vida, se siente una figura secundaria, nunca un protagonista, y está decidido a que eso cambie. Convence a su amigo Cristián, el panadero que también fue amigo de su padre, para que le acompañe al burdel de Angol y le preste el dinero necesario para estar con una de las chicas.
Pero el viaje a Angol va a significar mucho más de lo que Jacques hubiera imaginado. Allí descubrirá un secreto que le hará crecer de golpe, convertirse en un adulto y tomar las riendas de su vida. Es entonces cuando acude al cumpleaños de Augusto y allí, Elena, la hermana mayor, le confesará el resto del secreto que le faltaba por conocer. Y entonces, Jacques se convertirá por fin en protagonista de su historia y elaborará un plan que va a cambiar el destino de todos los que están a su alrededor para siempre.